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Esta
venerable iglesia, es la más antigua de las que
hay en la ciudad. Fue construida en virtud de una
disposición testamentaria de Dn. Pedro de Velasco
y Zúñiga en el año de 1617, en el mismo lugar
donde había existido una rústica de paja
dedicada a Santa Catalina y Santa Bárbara, de
cuya Cofradía era síndico Dn. Pedro, que debió
de ser fabricada por los conquistadores en aquellos
días en que se edificó, en el lado sur de la
plaza principal, el primer templo que hubo aquí:
donde se alza la catedral.
Por ser de
reducidas proporciones pudo resistir los
terremotos ocurridos entre 1736 y 1906.
En
la Ermita se ha hecho con el tiempo
algunas modificaciones: en su frontis y en
su techo: éste era de artesa, de tres
planos; y siendo su Capellán Mons. Miguel
Ángel Arce la enriqueció "con una
capilla lateral, artísticamente decorada,
dedicada a Cristo rey".
Tan
histórica iglesia manifiesta su
antigüedad en su altar mayor, que lleva por
remate el águila bicéfala de los
Austrias. Además, entre las imágenes que
guarda merece contemplarse la
bellísima
y también muy antigua de Jesús Nazareno,
con cuyo nombre se la distingue hoy, y las
del Sr. de los Azotes, el Crucifijo y la
Virgen.
Posee asimismo una custodia hecha
con exquisito gusto, de plata dorada y
exornada con rubíes y esmeraldas.
Sufrió
serios daños en el terremoto de 1983,
restaurada completamente.
Se llega a
este maravilloso templo a través de la
única cuadra en piedra que aún existe en
la ciudad.
De este templo
sale la procesión del Miércoles Santo.
Texto tomado de:
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